Hay personas que llegan al final del día con la sensación de haber hecho mucho más esfuerzo del que realmente han realizado. No siempre hay dolor, no siempre hay un problema evidente, pero sí aparece una sensación constante de cansancio, de falta de energía, de no rendir como antes. Y la postura es la clave de todo.
En muchos casos, la explicación no está en el descanso ni en la alimentación. Está en algo mucho más cotidiano, tan cotidiano que pasa desapercibido: la postura y la forma de respirar. Respirar es un acto automático. Lo hacemos miles de veces al día sin pensar en ello. Pero que sea automático no significa que siempre se haga bien.
La respiración necesita espacio, movilidad y coordinación para ser eficiente. Necesita que la caja torácica se expanda, que el diafragma se mueva con libertad y que la columna permita ese movimiento natural. Cuando la postura se altera, todo ese mecanismo empieza a funcionar de forma limitada. El pecho se cierra, los hombros se adelantan, la cabeza se desplaza hacia delante y la respiración se vuelve más superficial. El cuerpo sigue respirando, sí, pero ya no lo hace con la misma eficacia.
Y cuando el oxígeno no llega de forma óptima, la energía tampoco.
Por qué una mala postura reduce tu energía
Muchas personas no relacionan el cansancio con la respiración porque no sienten falta de aire. Simplemente sienten que les falta vitalidad. Les cuesta concentrarse, notan la mente más lenta, sienten tensión en la parte alta de la espalda o en el cuello, o tienen la sensación de no poder hacer una respiración profunda aunque lo intenten. Ese tipo de fatiga suele instalarse poco a poco, casi sin darse cuenta, hasta que se normaliza.
Vivimos en una época en la que la postura juega en nuestra contra. Pasamos horas frente a pantallas, mirando el móvil, trabajando sentados, conduciendo o descansando en posiciones que favorecen que el cuerpo se cierre hacia delante. Es una postura que reduce el espacio disponible para los pulmones y limita el movimiento natural del tórax. Pero el impacto no es solo mecánico. También afecta al sistema nervioso.
La relación entre postura, respiración y sistema nervioso
El sistema nervioso es el encargado de coordinar todo lo que ocurre en el cuerpo. Regula la respiración, el ritmo cardíaco, el nivel de alerta, la capacidad de relajarse y la forma en que el organismo gestiona el estrés físico y emocional.
Cuando la columna pierde movilidad o equilibrio, esa comunicación puede verse alterada. Esto no siempre se manifiesta como dolor. A menudo aparece en forma de cansancio persistente, dificultad para relajarse o sensación de tensión constante. Es como si el cuerpo estuviera trabajando más de lo necesario incluso cuando la persona está en reposo.
Dormir más no siempre soluciona este problema, porque la energía no depende únicamente de las horas de sueño. También depende de cómo respira el cuerpo durante el día y de cuánto esfuerzo necesita hacer para mantener funciones básicas.
Cuando la respiración es superficial y la musculatura está en tensión constante, el organismo consume más recursos para hacer lo mismo. Es como conducir con el freno ligeramente pisado: el vehículo sigue avanzando, pero el gasto es mayor y el rendimiento menor.
Cómo ayuda la quiropráctica a mejorar la respiración y la energía
Desde la quiropráctica, la postura no se entiende solo como una cuestión estética o de comodidad. Se entiende como un factor clave en la función del sistema nervioso y en la capacidad del cuerpo para adaptarse al estrés diario.
Los ajustes quiroprácticos tienen como objetivo mejorar la movilidad y el equilibrio de la columna, ayudando a que el sistema nervioso funcione con menos interferencias. Cuando esto ocurre, muchas personas notan cambios que no esperaban: respiran con más facilidad, sienten el cuerpo más ligero, descansan mejor y recuperan una sensación de energía que hacía tiempo que no experimentaban. No es algo mágico ni inmediato en todos los casos. Es una consecuencia lógica de permitir que el cuerpo funcione mejor.
El impacto de la postura en el día a día
A veces basta con observar a alguien sentado frente a un ordenador para comprenderlo. La cabeza adelantada, los hombros cerrados, la parte alta de la espalda redondeada. Esa posición obliga a la musculatura a trabajar continuamente para sostener el peso del cuerpo y limita el movimiento natural de la respiración.
La cabeza, por sí sola, pesa varios kilos. Cuando se desplaza hacia delante, la carga que soporta la columna cervical aumenta de forma considerable. Esa tensión constante no solo afecta a los músculos; también influye en la forma en que el cuerpo se mueve, respira y gasta energía.
El problema es que el cuerpo se adapta a todo, incluso a lo que no le beneficia. Y lo que al principio resulta incómodo termina pareciendo normal. Por eso, muchas personas no se dan cuenta de lo limitada que era su respiración hasta que vuelve a ser profunda y natural. No se dan cuenta de lo cansadas que estaban hasta que recuperan la energía.
Cuidar tu columna es cuidar tu energía
El cuerpo funciona como un sistema integrado. La postura influye en la respiración. La respiración influye en el sistema nervioso. El sistema nervioso influye en la energía, el descanso y la capacidad de concentración. Todo está conectado.
En el centro quiropráctico de Richard Millo, en Rocafort y Valencia, el enfoque no se centra únicamente en aliviar molestias puntuales, sino en ayudar a que el cuerpo funcione mejor en su conjunto. La salud no se entiende como la ausencia de dolor, sino como la capacidad del organismo para adaptarse, recuperarse y mantener el equilibrio. Cuidar la columna no es solo una cuestión de comodidad. Es una forma de cuidar la respiración, la energía y la calidad de vida.
Porque cuando el cuerpo funciona bien, la energía aparece de forma natural. Y cuando respiras mejor, vives mejor.
Centros quiroprácticos en Valencia y Rocafort de Richard Millo
Richard Millo siente pasión por la quiropráctica. Cree en lo que hace y su único objetivo en la vida, su misión como Doctor en Quiropráctica, es ayudar a la gente a entender que la salud viene de dentro. Que tenemos una inteligencia innata y su trabajo es liberarla. Ayudar a nuestro cuerpo a que sea él mismo el que nos cure.
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