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La quiropráctica se apoya en tres pilares: filosofía, ciencia y arte. En el artículo anterior hablamos de su filosofía y de una idea central: el cuerpo está en comunicación y adaptación constantes. Hoy abordamos el segundo pilar, la ciencia de la quiropráctica, para explorar una pregunta que ha despertado mucho interés entre los investigadores:

¿Qué relación existe entre la columna vertebral y el funcionamiento del sistema nervioso?

Durante muchos años, la conversación sobre quiropráctica se ha centrado principalmente en la espalda. Sin embargo, cuando movemos una articulación, mantenemos el equilibrio o percibimos la posición de nuestro cuerpo, también interviene el cerebro. Comprender esa comunicación es el objetivo de una parte de la investigación actual.

Una de las personas que más ha trabajado en este campo es Heidi Haavik, quiropráctica y doctora en neurofisiología. Junto a otros investigadores, ha utilizado herramientas para medir la actividad del sistema nervioso antes y después de los ajustes vertebrales. Sus estudios abren preguntas interesantes, aunque también es importante entender exactamente qué han demostrado y qué queda por investigar.

¿Por qué el sistema nervioso es esencial para nuestra salud?

El sistema nervioso está formado por el cerebro, la médula espinal y los nervios que se extienden por el cuerpo. Recibe información, la interpreta y participa en nuestras respuestas. Gracias a él podemos caminar, mantener el equilibrio, aprender un movimiento o retirar la mano cuando tocamos algo demasiado caliente.

También interviene en procesos que no controlamos de manera consciente. La respiración, la frecuencia cardíaca y la digestión, por ejemplo, están reguladas en parte por distintas redes del sistema nervioso. Esto explica por qué tiene un papel tan amplio en nuestra vida y en nuestra salud.

La información no viaja únicamente del cerebro hacia el cuerpo. Las articulaciones, los músculos, la piel y otros tejidos envían señales constantemente hacia el sistema nervioso central. Ese intercambio ayuda al cerebro a conocer dónde está cada parte del cuerpo y a coordinar los movimientos.

Haz una pequeña prueba: cierra los ojos y toca tu nariz con un dedo. Puedes hacerlo sin mirar tu mano porque tu cerebro recibe información sobre la posición y el movimiento de tu brazo. A esta capacidad de percibir la posición del cuerpo la llamamos propiocepción.

La columna participa en nuestros movimientos y contiene tejidos que también proporcionan información sensorial. Por eso, para estudiar el cuidado de la columna, los investigadores no se limitan a preguntar si alguien siente menos molestias. También observan cómo el sistema nervioso procesa ciertas señales y organiza el movimiento.

¿Qué aporta la ciencia de la quiropráctica? Los estudios de Heidi Haavik

Una experiencia personal puede ser muy valiosa para quien la vive, pero por sí sola no nos dice qué efecto tendrá un cuidado en otras personas. La investigación intenta responder a esa pregunta mediante comparaciones y mediciones.

En los estudios del equipo de Heidi Haavik se han utilizado, entre otras herramientas, registros eléctricos de la actividad cerebral. Una de ellas es el electroencefalograma, o EEG, que recoge señales mediante electrodos colocados sobre la cabeza. Otra forma de estudiar la respuesta cerebral consiste en aplicar un pequeño estímulo sensorial y medir cómo responde el sistema nervioso.

Estas pruebas no leen pensamientos ni ofrecen una imagen completa de todo lo que sucede en el cerebro. Permiten examinar aspectos concretos de su actividad bajo condiciones determinadas. Esa precisión es importante: cuando hablamos de «un cambio cerebral», debemos saber qué se midió, en quiénes y durante cuánto tiempo.

¿Qué encontró el estudio de Haavik publicado en 2016?

En un trabajo publicado en la revista Neural Plasticity, Heidi Haavik y sus colaboradores estudiaron a 19 voluntarios jóvenes que habían experimentado molestias o rigidez recurrentes en la columna, aunque no tenían dolor en el momento de la prueba.

Cada participante acudió a dos sesiones experimentales en distinto orden: una con manipulación vertebral y otra de control. Los investigadores estimularon un nervio de la muñeca y registraron, mediante electrodos, cómo respondía el cerebro antes y después de cada intervención.

Tras la manipulación vertebral observaron una variación en una respuesta cerebral relacionada con el procesamiento de la información sensorial. Mediante un modelo de análisis, situaron parte del cambio en una región frontal del cerebro. En la sesión de control no observaron la misma diferencia en esa medición.

¿Qué nos dice esto? Que, en este pequeño grupo y bajo esas condiciones, una sesión de manipulación vertebral se asoció con un cambio inmediato en una medida de procesamiento sensorial. Es una observación interesante porque permite investigar de forma objetiva la relación entre una intervención en la columna y la respuesta del sistema nervioso.

¿Qué no nos dice? No demuestra que esas personas hayan mejorado su salud general, que el efecto dure meses ni que se produzca del mismo modo en todo el mundo. Tampoco permite afirmar que un ajuste trate enfermedades de otros órganos. Es un estudio sobre una respuesta neurofisiológica concreta, y ahí reside su verdadero valor.

El siguiente paso: estudiar a personas durante varias semanas

Una cuestión lógica después de observar cambios inmediatos es preguntarse si algo similar puede medirse después de un periodo de cuidados y si se relaciona con lo que las personas sienten en su vida diaria.

En 2024, Haavik y su equipo publicaron en Brain Sciences un estudio con 76 personas que tenían dolor lumbar persistente. Los participantes fueron distribuidos entre un grupo de cuidados quiroprácticos y un grupo de control. Los investigadores realizaron mediciones antes y después de la primera intervención y volvieron a evaluar a los participantes tras cuatro semanas.

Además de registrar actividad cerebral y respuestas a estímulos sensoriales, recogieron datos sobre sueño y cuestionarios sobre dolor, estado de ánimo, fatiga y calidad de vida. Esto les permitió examinar tanto medidas del sistema nervioso como experiencias comunicadas por las personas participantes.

El estudio encontró cambios en algunas medidas de actividad cerebral en el grupo quiropráctico. También comunicó mejoras en varios resultados relacionados con el dolor y la calidad de vida durante las cuatro semanas estudiadas.

Es un avance respecto a limitarse a observar lo que sucede justo después de un ajuste. Sin embargo, debemos mantener la perspectiva: se trata de un estudio con 76 personas y un seguimiento de cuatro semanas. No permite garantizar que cualquier paciente obtendrá los mismos resultados. Tampoco demuestra por sí solo que las variaciones cerebrales hayan causado las mejoras comunicadas por los participantes. Para comprender mejor esa relación se necesitan más investigaciones que reproduzcan los hallazgos y estudien periodos más largos.

¿Qué es la neuroplasticidad?

Al hablar de los trabajos de Haavik aparece con frecuencia la palabra «neuroplasticidad». Aunque suene complicada, describe una capacidad natural del sistema nervioso: cambiar y adaptarse con la experiencia.

Cuando aprendemos a tocar un instrumento, practicamos un movimiento o recuperamos una habilidad después de un periodo de inactividad, nuestro sistema nervioso participa en ese aprendizaje. No es una capacidad exclusiva de un tratamiento: forma parte de cómo funciona el ser humano.

Los investigadores exploran si los ajustes vertebrales pueden influir en determinados procesos relacionados con esa adaptación. Algunos trabajos han encontrado cambios en mediciones de la actividad nerviosa. La pregunta siguiente, y probablemente la más importante para los pacientes, es qué significado tienen esos cambios en la vida cotidiana.

Por eso conviene distinguir entre dos ideas. Una es observar una respuesta medible del sistema nervioso. Otra es demostrar que esa respuesta produce un beneficio concreto, duradero y relevante para la salud. La primera puede ayudar a investigar la segunda, pero no la sustituye.

¿Qué sabemos sobre los resultados que importan a los pacientes?

La investigación en quiropráctica no se limita a estudiar el cerebro. También existen ensayos y revisiones que evalúan resultados como el dolor lumbar y la capacidad para realizar actividades diarias.

Una revisión Cochrane publicada en 2026 reunió 76 estudios sobre manipulación vertebral en adultos con dolor lumbar persistente. Encontró posibles mejoras frente a una intervención simulada o a no recibir tratamiento. Cuando la comparó con otros cuidados conservadores, las diferencias medias fueron pequeñas. Los autores señalaron además que la confianza en la evidencia es limitada porque los estudios utilizaron distintas técnicas y ofrecieron resultados variables.

Esta conclusión es útil para tomar decisiones realistas. La manipulación vertebral puede ser una opción de cuidado para algunas personas con dolor lumbar, pero no es una garantía ni reemplaza la necesidad de valorar cada caso. Estar activo, comprender el problema y adaptar los cuidados a la persona también forman parte de un enfoque responsable.

La ciencia incluye reconocer los límites

A veces se presenta un estudio como si resolviera todas las preguntas. En realidad, la ciencia avanza cuando sus resultados se comprueban, se comparan con los de otros equipos y se examinan sus limitaciones.

La investigación de Heidi Haavik nos ayuda a mirar más allá de una visión puramente mecánica de la columna. Muestra que es posible estudiar cómo responde el sistema nervioso a determinadas intervenciones vertebrales. Al mismo tiempo, no autoriza a afirmar que los ajustes «reinician el cerebro», corrigen cualquier problema de salud o aseguran un resultado determinado.

Para nosotros, reconocer estos límites no resta interés a los hallazgos. Al contrario: permite hablar de ellos con claridad y seguir atentos a lo que se descubra en el futuro.

De la investigación a la consulta: cada persona cuenta

Los estudios describen lo que sucede, en promedio, en grupos de personas. En la consulta tenemos delante a una persona concreta, con su historia, sus objetivos y su manera de responder al cuidado.

Por eso es importante escuchar primero, realizar una evaluación adecuada y revisar la evolución. Si un enfoque no está ayudando o una persona nota que se encuentra peor, hay que prestarle atención y reconsiderar los siguientes pasos. Cuidar bien también implica saber cuándo es necesaria otra valoración profesional.

En Centro Quiropráctico Rocafort y Alameda Quiropráctica queremos integrar lo que vamos aprendiendo con una atención individualizada. La ciencia de la quiropráctica nos invita a hacer mejores preguntas sobre la columna, el sistema nervioso y el bienestar, y a comprobar nuestras respuestas con honestidad.

En el próximo artículo de esta serie hablaremos del tercer pilar: el arte de la quiropráctica y la importancia de adaptar el cuidado a cada persona.

Tu columna, tu bienestar.

REFERENCIAS

Lelic D. y colaboradores, con Heidi Haavik (2016), Neural Plasticity:
https://onlinelibrary.wiley.com/doi/10.1155/2016/3704964

Haavik H. y colaboradores (2024), Brain Sciences:
https://doi.org/10.3390/brainsci14111124

Revisión Cochrane sobre manipulación vertebral y dolor lumbar persistente (2026):
https://www.cochrane.org/evidence/CD008112_what-are-benefits-and-risks-spinal-manipulative-therapy-chronic-low-back-pain

Funciones del sistema nervioso, NICHD:
https://espanol.nichd.nih.gov/salud/temas/neuro/informacion/funciones

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